Meditación: el cultivo de una atención relajada


La meditación es la vía más directa para el autoconocimiento; es el espacio de mayor intimidad que una persona puede tener: el encuentro consigo misma.


Existen infinitas formas de meditar, adecuadas a las diferentes culturas y formas de ser, que se enmarcan en diversos caminos espirituales y religiosos. Pero más allá de la distintas modalidades y concepciones, hay dos aspectos que podemos desarrollar a 

través de dicha práctica, que resultan fundamentales para nuestra salud emocional, física y mental: la atención y la relajación.


A través de la atención, somos capaces de tomar consciencia de todo lo que se manifiesta en el presente a nivel de las sensaciones corporales, las emociones y los pensamientos, siendo la respiración  el punto de apoyo fundamental. En nuestro estado habitual, solemos reaccionar de manera automática a los estímulos que recibimos, de acuerdo a patrones de percepción y comportamiento de los cuales tenemos poca o ninguna consciencia. Al meditar, en cambio, ensayamos una actitud relajada y neutral frente a lo que se presenta. Ya sea que se trate de una experiencia que podríamos catalogar de agradable o una que nos genere incomodidad.

Se trata pues, de no interferir en lo que nos va sucediendo, haciéndole espacio en nuestro interior a través de la respiración. De esta forma vamos desarrollando una atención panorámica, capaz de abarcar la totalidad de nuestra experiencia presente, sin discriminar o excluir ningún aspecto.   


Al comenzar a meditar, son muchas las personas que tienen dificultad para concentrarse y se sienten decepcionadas al ver que su mente no para, produciendo un pensamiento detrás de otro. Por eso resulta útil soltar cualquier expectativa o propósito, más que tomar consciencia de lo que nos va ocurriendo momento a momento.

En este preciso instante, mientras estás leyendo, ¿dónde está tu atención?  La mayor parte del tiempo estamos preocupados por lo que va a pasar, recordando algo que pasó o imaginando lo que podría ser, comparándolo con lo que es. Esto nos genera tensión y malestar sin que seamos capaces de notarlo.


Te invito a hacer una pausa y enfocar toda tu atención en el único momento y lugar en el que la vida está ocurriendo: aquí y ahora. Observa tu cuerpo tomando consciencia de las tensiones musculares, (...) las zonas que están más relajadas, (...) las sensaciones de frío o calor, (...) tu postura corporal. No intentes cambiar nada de lo que ocurre, simplemente permanece atent@ y relajad@. (...) Toma consciencia de tu respiración, 

observando el ritmo natural del aire que entra y sale. (...) Si ves que tu atención se va detrás de algún pensamiento o una emoción, tomas consciencia de ello y vuelves a enfocarte en la respiración, manteniéndote abiert@ a lo que va sucediendo. Hazlo durante al menos 5 minutos antes de continuar leyendo.


¿Cómo está tu cuerpo, pensamiento y emociones ahora? ¿Notas alguna diferencia respecto a cómo estabas antes de esta breve pausa?

En la actualidad parece un lujo estar en el presente dándose permiso de ser lo que un@ es, sin hacer nada en particular. Si logramos esta clase de presencia atenta y relajada aunque sea por momentos, se activa nuestra sabiduría organísmica, favoreciendo la autorregulación, de tal forma que las cosas encuentran su lugar espontáneamente. Como un vaso de agua turbia que al quedar en quietud, acaba decantando la mugre en el fondo, recuperando su claridad natural.

Si bien la meditación suele realizarse sentad@, en un tiempo y espacio particular, con la práctica comienza a ocurrir que esta actitud de estar despiert@s y relajad@s frente a lo que nos ocurre, va permeando nuestra vida cotidiana. Al prestar mayor atención a la respiración, sensaciones corporales y pensamientos, va aumentando nuestra capacidad de estar en el presente y aceptar las situaciones que se nos presentan como

oportunidades de aprendizaje y desarrollo de la consciencia.


Lic. Marcelo Artigalás

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